Mis niños, mis niñas, gente de la Facultad de Arte... gente de este mundo y de otros. Este cuento va para todos los que respiran... (y suspiran cada vez que ven el huequito en la entrada de la facultad):
"Había una vez un árbol en la entrada de lo que alguna vez fue una Escuela de Arte, ahora Facultad; el árbol era malo, nadie sabía por qué, pero aparentaba ser bueno, daba cobijo con su sombra, brisa fresca al mediodía, hogar de pajaritos y maripositas, espacio de encuentro de profesores, alumnos, pancha, el Sr. Fabio, etc. etc. etc... pero... el árbol era malo y tenía que morir.
Una mañana, el árbol murió."
Fin.
Esta no es una historia de hippies, que se dan golpes de pecho "Ohhhh no! mi árbol, yo lo amaba", vamos a estar claros, hay cierto egoísmo en eso de "yo quería mucho a ese árbol" "a mi me gustaba el árbol" "yo y mi árbol for ever and ever", tampoco es una historia donde había una bruja mala, única responsable de todo lo que sucede en la facultad "Vamos a quemarla en la hoguera y... y... y... y... y... lanzarle pintura en su ventana", no sé, digo, lo máximo que puede pasar en ese caso es que corten el espacio de vidrio intervenido y lo vendan como una pieza de arte moderno producto de la ira de un estudiante que respondió con una acción del mismo tipo (tal vez arbitrario como la decisión de cortar el árbol).
Muchísimo menos la historia trata sobre el correo que escribió y reenvió un estudiante harto, como casi todos los que están y estamos más allá del 8vo semestre, de la suma de situaciones impredecibles de la facu de arte, tal vez con las palabras menos indicadas pero... no "ique" estábamos en un país libre en el que todos tenemos derecho de arrecharnos en el momento de escribir un correo y después reenviarlo, disfrutando así de nuestra libertad de expresión?... lo que sí no entendí del correo es por qué la insistencia de llamarlos "assholes", no sé, estamos en Mérida, con escribirles "toches" hubiese sido suficiente. Y ahí caemos en las maneras de decir las cosas, en las maneras de reclamar, de hacer llegar nuestras molestias sobre algo, habían otras maneras... y no las usamos.
La historia no trata tampoco de los correos de respuesta que llenaron la bandeja de entrada del compañero, entre esos del correo de la profesora, porque no es una historia de quien pega más fuerte, de quién habla más feo o más bonito. Es más creo que ya no interesan mucho las razones que hicieron que el árbol no nos saludara más en la entrada, ya simplemente no está.
Sea por lo que sea, que se haya tenido que cortar, sea por lo que sea que suceda cada acción en la facultad, lo que me parece increíble, es que siendo taaaaaan poquitos, tan pero tan poquitos, nunca nos enteremos de nada. Al final todo se convierte en un chisme...
Y yo, Ingrid, estudiante de la Facultad de Arte, esa mañana que llegué a la facu, y vi el tronco en el suelo, no tuve más que hacer que abrazarlo y pedirle disculpas por no hacer nada, porque yo sé que si se lo hubiesen pedido con cariño el arbolito hubiese recogido sus raíces de donde le estorbaban a los demás, a pesar de que el estaba ahí primero que nosotros.

La imagen es de Kizzy Lugo
Esto es una muestra de lo que todos unidos podemos hacer por una buena causa, cada colaboración sera una voz en nombre del árbol caido. Esperando que sea el último de los "árboles malos" de la Facultad de Arte.